Acerca del Laboratorio Teatral sobre Violencia de Género

                                      

Respondiendo a la convocatoria de la Asociación de  Mujeres “Romero y Jara” de El Ronquillo, Sevilla, estamos coordinando un laboratorio teatral sobre violencia de género. Desde mediados de septiembre y hasta el 25 de noviembre, día en que se realizará la muestra que corona la experiencia, compartimos intensos encuentros semanales en los que se combinan ejercicios de entrenamiento actoral y reflexiones sobre el tema que nos ocupa.
El proceso creativo ha resultado muy fructífero y confirma una vez más, el inmenso poder que tiene el teatro para conducir e incrementar la capacidad de observarnos a nosotros mismos, reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones y ser capaces de vislumbrar posibles cambios cuando es necesario.
La propuesta de las integrantes del grupo era desde un principio, imprimir a la fecha señalada para el Día de la No Violencia  de Género, un  carácter participativo  realizando alguna actividad que las implicara personalmente. Las expectativas han sido superadas. En cada encuentro observamos junto al descubrimiento de la propia creatividad, la toma de conciencia del poder malsano que la repetición mecánica de actitudes, hábitos y prejuicios tiene sobre nosotros.
Augusto Boal, el creador de el Teatro de Oprimido refiere en su libro Juegos para actores y no actores una maravillosa fábula china que cuenta el “descubrimiento” del teatro.
Hace miles de años cuando aún vivíamos en hordas salvajes y ya éramos casi humanos en tamaño y apariencia, Xuá-Xuá, una hembra prehumana, hizo un  descubrimiento   extraordinario. La fábula cuenta que Xuá-Xuá  comenzó a ver que su vientre crecía y crecía, pero ella no asoció ese extraño fenómeno con los juegos amorosos que compartía con Li-Peng, el macho más fuerte de la horda.
Una mañana, tras intensos y desconocidos dolores, algo vivo y tembloroso emergió de dentro de su cuerpo. Xuá-Xuá estaba desconcertada. Eso debía ser sin duda una parte de si misma, ya que el cuerpecito tibio insistía en permanecer siempre pegado a ella, succionando con fuerza su pecho y  protestando apenas  ella se alejaba. Mientras tanto Li- Peng observaba desde lejos. Pasó el tiempo y un día Li-Peng no resistió la curiosidad y se acercó a ver de cerca de la extraña criatura que había salido del cuerpo de Xuá-Xuá. Pronto él y el niño simpatizaron y se marcharon juntos. El padre, sin saber que lo era, enseñó al hijo las artes de la supervivencia y estuvieron lejos muchos días.
Cuando Xuá-Xuá perdió al niño creyó que moriría de dolor ya que nadie sobrevive a semejante amputación. Pero para su sorpresa, sobrevivió. Muchos días más tarde reencontró a ambos, pero el niño no le hizo el menor caso entretenido como estaba con las cosas que su padre le enseñaba. Entonces se vio obligada a aceptar que el pequeño no era una extensión de su propio cuerpo y fue capaz de comprender que ella y el niño eran dos y no uno. Ese descubrimiento la llevó a mirarse a sí misma y a  reconocer su  existencia y la de los otros y sobre todo, podía observar su propia vida, su existencia independiente dentro el grupo, su propia y particular manera de ser en el mundo. En ese momento fue al mismo tiempo actriz y testigo o, lo que es lo mismo, actriz y espectadora. Había nacido el teatro, el arte de vernos a nosotros mismos.

Cuando un grupo humano inicia un proceso creativo utilizando herramientas de la pedagogía teatral se producen descubrimientos tan monumentales como los que refiere esta hermosa  fábula. Aunque hace rato que podemos considerarnos seres humanos de pleno derecho, la conmoción es la misma. Probablemente la hipnosis de la vida cotidiana sea la responsable de que  nos mantengamos alejados de  la dimensión más sagrada de nuestras existencias. El simple hecho de contactar con nuestro cuerpo de una manera creativa permitiéndole desplegar toda su capacidad expresiva, dejándolo y salirse de las estrechas convenciones diarias  genera una emoción  trascendente. Si a eso le añadimos que tales experiencias se realizan en grupo la maravilla se multiplica. Creo que esa es la razón por la cual durante los encuentros se experimenta una sensación de plenitud y significado, una hermandad genuina, una corriente de amor en acción.

Y todo esto al servicio de una reflexión conciente sobre nosotros mismos como individuos y como sociedad, sobre nuestra indiferencia, nuestra complicidad y nuestras aberraciones.


A pocos encuentros de comenzado el laboratorio surgió la necesidad de hacer referencia a la violencia en sus más variadas y sutiles manifestaciones. Resultó necesario reflexionar sobre la violencia que nos infligimos los unos a los otros y no excluyentemente los hombres sobre las mujeres. Por lo tanto la reflexión se extendió al tema de la incomprensión y la falta de empatía como base para que se produzca cualquier tipo de maltrato. Las mujeres están explorando con valentía el germen de la violencia dentro y fuera de cada una de ellas, de su entorno inmediato y de la sociedad en general. Para propiciar la búsqueda de esas verdades interiores es imprescindible crear un área de confianza  que la permita. El teatro con sus herramientas y recursos lo hace posible. Y como la protagonista de la fábula china, sólo mirándonos nosotros mismos podremos  ver  la infinita complejidad de la existencia, el enorme poder que detentamos como seres humanos y la capacidad de canalizarlo con amor y comprensión.   

Soldenoche Teatro

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