
Respondiendo a la convocatoria de
El proceso creativo ha resultado muy fructífero y confirma una vez más, el inmenso poder que tiene el teatro para conducir e incrementar la capacidad de observarnos a nosotros mismos, reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones y ser capaces de vislumbrar posibles cambios cuando es necesario.
La propuesta de las integrantes del grupo era desde un principio, imprimir a la fecha señalada para el Día de la No Violencia de Género, un carácter participativo realizando alguna actividad que las implicara personalmente. Las expectativas han sido superadas. En cada encuentro observamos junto al descubrimiento de la propia creatividad, la toma de conciencia del poder malsano que la repetición mecánica de actitudes, hábitos y prejuicios tiene sobre nosotros.
Augusto Boal, el creador de el Teatro de Oprimido refiere en su libro Juegos para actores y no actores una maravillosa fábula china que cuenta el “descubrimiento” del teatro.
Hace miles de años cuando aún vivíamos en hordas salvajes y ya éramos casi humanos en tamaño y apariencia, Xuá-Xuá, una hembra prehumana, hizo un descubrimiento extraordinario. La fábula cuenta que Xuá-Xuá comenzó a ver que su vientre crecía y crecía, pero ella no asoció ese extraño fenómeno con los juegos amorosos que compartía con Li-Peng, el macho más fuerte de la horda.
Una mañana, tras intensos y desconocidos dolores, algo vivo y tembloroso emergió de dentro de su cuerpo. Xuá-Xuá estaba desconcertada. Eso debía ser sin duda una parte de si misma, ya que el cuerpecito tibio insistía en permanecer siempre pegado a ella, succionando con fuerza su pecho y protestando apenas ella se alejaba. Mientras tanto Li- Peng observaba desde lejos. Pasó el tiempo y un día Li-Peng no resistió la curiosidad y se acercó a ver de cerca de la extraña criatura que había salido del cuerpo de Xuá-Xuá. Pronto él y el niño simpatizaron y se marcharon juntos. El padre, sin saber que lo era, enseñó al hijo las artes de la supervivencia y estuvieron lejos muchos días.
Cuando Xuá-Xuá perdió al niño creyó que moriría de dolor ya que nadie sobrevive a semejante amputación. Pero para su sorpresa, sobrevivió. Muchos días más tarde reencontró a ambos, pero el niño no le hizo el menor caso entretenido como estaba con las cosas que su padre le enseñaba. Entonces se vio obligada a aceptar que el pequeño no era una extensión de su propio cuerpo y fue capaz de comprender que ella y el niño eran dos y no uno. Ese descubrimiento la llevó a mirarse a sí misma y a reconocer su existencia y la de los otros y sobre todo, podía observar su propia vida, su existencia independiente dentro el grupo, su propia y particular manera de ser en el mundo. En ese momento fue al mismo tiempo actriz y testigo o, lo que es lo mismo, actriz y espectadora. Había nacido el teatro, el arte de vernos a nosotros mismos.
Cuando un grupo humano inicia un proceso creativo utilizando herramientas de la pedagogía teatral se producen descubrimientos tan monumentales como los que refiere esta hermosa fábula. Aunque hace rato que podemos considerarnos seres humanos de pleno derecho, la conmoción es la misma. Probablemente la hipnosis de la vida cotidiana sea la responsable de que nos mantengamos alejados de la dimensión más sagrada de nuestras existencias. El simple hecho de contactar con nuestro cuerpo de una manera creativa permitiéndole desplegar toda su capacidad expresiva, dejándolo y salirse de las estrechas convenciones diarias genera una emoción trascendente. Si a eso le añadimos que tales experiencias se realizan en grupo la maravilla se multiplica. Creo que esa es la razón por la cual durante los encuentros se experimenta una sensación de plenitud y significado, una hermandad genuina, una corriente de amor en acción.
Soldenoche Teatro
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